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24/08/2019
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INVIERTE EN LA FAMILIA 2000

La familia es el elemento fundamental en la formación y desarrollo de la persona. En ella se aprenden a desarrollar las capacidades afectivas y sociales. Por ello, la familia constituye un espacio idóneo para trabajar en la promoción de la salud en general, en la conformación de una salud mental adecuada y en la prevención de las drogodependencias.

El trabajo de este folleto no pretende ser un manual de prevención, lo que buscamos es orientar en ciertos aspectos prácticos que estamos seguros ya conocíais.

¿Puede la familia hacer prevención?

Los padres tienen un papel clave en la prevención ya que en la familia y desde la primera infancia se van creando y desarrollando los valores, las actitudes, los hábitos de conducta y los comportamientos que pueden ser saludables o poco saludables. En definitiva, se van fomentando estilos de vida que estrechan las posibilidades de tener problemas con las drogas o, por el contrario, se van configurando estilos de vida que facilitan los problemas con ellas.

¿Qué son estilos de vida saludables?

El estilo de vida es la manera de estar, de entenderla, la forma en que cada uno de nosotros organizamos la vida cotidianamente: lo que comemos, las horas que dormimos, cómo ocupamos nuestro tiempo libre, cómo nos relacionamos con los demás, nuestros gustos, nuestras costumbres, lo que valoramos o consideramos importante, lo que opinamos, la postura personal ante todo lo que nos rodea; en definitiva, nuestra forma de vivir.

Los padres pueden fomentar estilos de vida saludables con sus hijos desde pequeños. Así los jóvenes tendrán más capacidad para resistirse a los ofrecimientos de consumo de drogas a los que inevitablemente van a estar expuestos y, en el caso de consumirlas, mayores recursos para escapar de su dependencia.

Los padres debemos procurar

Mantener una actitud de diálogo constante con nuestros hijos. Escuchar sus opiniones, sus inquietudes, sus problemas
por pequeños que nos parezcan, etc.

Tratar el tema de las drogas con normalidad, como una cuestión más, abiertos al diálogo, transmitiendo una
información objetiva sobre los efectos y sobre los riesgos de las drogas. Para ello es necesario estar informados y,
sobre todo, resaltar lo positivo de no tomarlas.

Desmitificar el consumo de drogas, cuestionando sus estereotipos, los significados que les atribuyen los jóvenes, sus uso como bien de consumo, la seducción de las modas, etc. Es fundamental fomentar una actitud crítica ante las incitaciones al consumo en general y al de las drogas en particular.

Tener en cuenta el consumo de drogas que efectuamos delante de nuestros hijos, sean legales o ilegales. Los niños aprenden no sólo de lo que les decimos, sino fundamentalmente de lo que ven. Ha de existir una coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.

Transmitirle valores como: la salud como un bien que hay que cuidar y mantener, responsabilidad ante sus actos, esfuerzo para conseguir las metas que se propongan, tolerancia y respeto hacia las opiniones y actitudes de los demás, participación y compromiso con la comunidad en la que viven, interés y solidaridad con los problemas
del mundo que les rodea, etc.

Facilitar la construcción y el desarrollo de su proyecto de vida autónomo, en el que: aprendan a tomar decisiones por si mismos progresivamente y conforme a su edad, asuman responsabilidades desde niños sobre las cosas que tienen más próximas y que les afectan, sepan decir "no" ante comportamientos que no deseen hacer y en los que se sientan presionados por su entorno, mediten las consecuencias de cada decisión que adopten en su vida y se enfrenten a sus problemas responsablemente, sin intentar ocultarlos o evadirse de ellos.
Proporcionar unas normas, unas pautas de comportamiento y unos límites claros y constantes que, a ser posible, hayan sido razonados previamente con los hijos. Enseñarles soportar las frustraciones y a saber controlar sus
deseos inmediatos, no dándoles todos los caprichos.
Compartir actividades con ellos en nuestro tiempo libre, enseñarles a divertirse, despertar y desarrollar en
ellos desde pequeños inquietudes culturales, deportivas, de conocimiento y valoración de la naturaleza,
aficiones, etc. Y fomentar el contacto con asociaciones juveniles, grupos deportivos, ecologistas, etc.

Potenciar su autoestima, ayudarles a quererse y respetarse a si mismos, aceptarles tal y como son, valorando
sus logros y sus esfuerzos y no sólo resaltando sus limitaciones o sus fallos.

Los padres deben evitar

Adoptar una actitud distante con nuestros hijos, sin darles oportunidad de expresarse y sin prestar atención a sus inquietudes, sus ideas, sus opiniones, no compartiendo ni dando importancia a sus problemas, aunque estos puedan parecernos irrelevantes.

Eludir hablar de drogas con nuestros hijos o hacerlo con exageración, deformando la realidad, desdramatizando, con amenazas o castigos. También debemos evitar, aunque intentemos hacerles conscientes de su responsabilidad ante el consumo de drogas, que el diálogo se convierta en una regañina o en un interrogatorio...
Transmitir actitudes positivas hacia el consumo de drogas, ya que, en muchos casos, aunque sea de manera
inconsciente, debemos hacer justo lo contrario, por ejemplo: asociar el consumo de alcohol a la diversión, a la evasión de problemas, a la llegada de la madurez, a la virilidad, etc.; es decir, evitar comunicar un modelo de actitudes y de conductas en el cual se recurra a sustancias químicas para transformar los estados de ánimo.

Modificar constantemente los límites y las normas que les marcamos en sus comportamientos según nos convengo no preocuparnos de señalar cuáles son esas referencias mínimas.

Proteger en exceso a los hijos, de tal manera que: siempre tomemos decisiones por ellos, solucionemos sus problemas, no tengan oportunidad de equivocarse. Les damos todo por hecho y, si es posible, todo lo que quieran, les tratemos siempre como niños, justifiquemos todo lo que hacen aunque no sea correcto, etc,; en definitiva, no permitirles crecer.

Tener una actitud indiferente ante sus vidas, no saber por dónde andan, estar siempre demasiado ocupados para ellos o, por el contrario, atosigarles exageradamente.

Angustiarnos demasiado por nuestras limitaciones y nuestros fallos, culpabilizarnos de todo lo que les pasa.

Mantener en la familia un clima de intolerancia, de falta de diálogo y respeto entre los miembros de la familia.

Menospreciar a los hijos porque no son como esperábamos, sin tener en cuenta sus cualidades y sus esfuerzos, teniendo muy presentes sus defectos y, por lo tanto, alentando una imagen negativa de sí mismos.

¿Qué estrategias de prevención se pueden llevar a cabo para reducir la

• Información:

El primer paso es intentar estar bien informados, enterarnos de los problemas que están causando las drogas más consumidas, cuáles son sus formas de uso, cómo afectan a los distintos colectivos, etc. Se trata de hacer un esfuerzo por objetivar el problema, cuestionando y contrastando estereotipos y clichés.

Una vez que estamos informados, podemos transmitir, especialmente a los jóvenes, una información realista y objetiva, no exagerada ni dramática, en la que se recojan los riesgos del consumo de drogas y sus comportamientos asociados (conducir bajo sus efectos, prácticas sexuales inseguras, asociar consumo y diversión etc.). Aunque necesaria, la información por sí sola no es suficiente, puesto que esta medida sirve de poco si no va acompañada de otras acciones.

• Formación:

Aunque la familia y la escuela son las dos instituciones educativas básicas, cualquier adulto que entra en contacto con un adolescente o con un joven se convierte, consciente o inconscientemente, en educador. Todos podemos ayudar a los adolescentes y a los jóvenes a desarrollar sus capacidades personales. Se trata de contribuir a su
desarrollo como personas libres, autónomas y responsables, ayudándoles a construir un estilo de vida saludable, tanto en sus aspectos físicos (preocupación y cuidado de su organismo) y psíquico (desarrollo equilibrado de su personalidad) como en sus aspectos sociales (capacidad de relacionarse con los demás y de integrarse de forma positiva y
constructiva en la sociedad en la que viven).

• Alternativas:

La mayoría de los consumos se producen en situaciones de ocio y tiempo libre. Está de moda el uso de drogas con una finalidad recreativa. Existen dos tiempos delimitados y definidos: el de ocio, en el cual todo está permitido con tal de incrementar y alargar los momentos de diversión, facilitar la relación grupal y la desinhibición, combatir la apatía y
el aburrimiento a través del riesgo y de experiencias novedosas... y el tiempo de trabajo o de estudio en el cual se prescinde normalmente de las drogas. Esta distinción está originando que, sobre todo entre los jóvenes, exista una asociación sistemática entre salir divertirse y beber o colocarse.

Podemos hacer prevención buscando y ofertando alternativas de ocio y tiempo libre en las cuales no sea omnipotente el consumo de drogas, tales como: hacer deporte, disfrutar de la naturaleza, despertar inquietudes culturales de todo tipo, tener aficiones diversas.
Es importante también fomentar el interés, el compromiso y la solidaridad con los problemas de nuestro entorno y de la comunidad en la que vivimos. La participación social es clave para buscar soluciones entre todos a los problemas de nuestro tiempo y caminar hacia una sociedad menos conflictiva, más comunicativa, menos estresante, más solidaria... en definitiva, menos necesitada de drogas.

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